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Fotografía

Qué fotos necesita tu página web, y en qué orden conseguirlas

La lista mínima de tomas que sostiene un sitio, por qué las de banco de imágenes se notan, y cómo conseguir las primeras con el celular si todavía no hay presupuesto para una sesión.

8 min de lectura

Un fotógrafo se inclina para fotografiar un plato de cerámica bajo un softbox
tomas mínimas para sostener un sitio completo
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foto de portada que decide si se quedan
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fotos de banco que pasan por propias
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Hacemos fotografía además de sitios, así que esta guía se puede leer como interesada. Por eso la escribimos al revés: empieza por todo lo que puedes resolver tú, sin contratar a nadie.

La razón es simple. Un sitio con estructura impecable y fotos malas se ve peor que uno sencillo con fotos honestas. Y las fotos son lo que más se pospone y lo que más rápido delata a un negocio.

La lista mínima: ocho tomas

No necesitas cuarenta fotos. Necesitas ocho que hagan un trabajo específico.

Una de portada. Es la que decide si alguien se queda. Tiene que decir de qué se trata tu negocio antes de leer una palabra. Horizontal, con espacio libre a un lado para que el texto no se encime.

Dos o tres del lugar o del proceso. Tu local, tu taller, tus manos trabajando, el equipo que usas. Esta es la categoría que más confianza genera y la que casi nadie tiene. Prueba que existes en el mundo físico.

Dos o tres de lo que vendes. El producto, el plato, el resultado del servicio. Si vendes algo intangible, fotografía el entregable: el reporte impreso, la instalación terminada, el antes y el después.

Una de quien atiende. No hace falta un retrato de estudio. Una foto honesta de la persona con la que van a tratar cambia la percepción de un negocio chico más que cualquier otra cosa.

Por qué las fotos de banco se notan

Todo el mundo ha visto la misma oficina luminosa con gente sonriendo alrededor de una laptop. Cuando aparece en el sitio de un negocio local, el efecto es el contrario del buscado: sugiere que no hay nada real que enseñar.

Hay un lugar donde sí funcionan: como fondo o textura, cuando no pretenden ser tu negocio. Una imagen atmosférica detrás de un titular no engaña a nadie.

Donde no funcionan es sustituyendo lo que debería ser tuyo. Tu local, tu producto, tu equipo. Ahí, una foto imperfecta tomada con celular vale más que una impecable comprada.

Lo mismo aplica a las imágenes generadas por computadora. Se reconocen, y en un sitio que pide confianza —un consultorio, un despacho, un taller— el costo de que se note es alto.

Cómo conseguir las primeras con el celular

Si el presupuesto está corto, esto es suficiente para arrancar. Cuatro cosas deciden casi todo el resultado.

La luz. De día, junto a una ventana, con la luz entrando de lado. Apaga la lámpara del techo: mezclar luz de ventana con foco amarillo ensucia los colores. Y no uses flash.

El fondo. Quita lo que no aporta: cables, cajas, el bote de basura, papeles. La mitad de las fotos malas son buenas fotos con estorbos.

El encuadre. Horizontal para portadas, porque los sitios son más anchos que altos. Deja aire alrededor del sujeto: siempre se puede recortar después, nunca agregar.

La cantidad. Toma veinte de cada cosa moviéndote un poco entre cada una. Elegir tres buenas de veinte es fácil; sacar una perfecta al primer intento no.

Cuándo sí conviene una sesión

Hay dos casos donde la foto propia deja de ser un lujo.

Cuando lo que vendes se compra con los ojos. Comida, espacios, productos, ropa, hospedaje. Ahí la foto no acompaña al argumento de venta: es el argumento de venta.

Cuando tu precio es alto. Si vendes un servicio de varios miles de pesos, una foto floja abre una duda que el texto ya no cierra. La imagen tiene que sostener la expectativa que pone el precio.

Si vendes algo que se explica con datos y no con imágenes —un servicio técnico, una asesoría— la sesión puede esperar sin costo real.

Las tres preguntas antes de contratar

Qué uso te entregan. Que la licencia incluya sitio, redes, impresos y publicidad. Hay quien entrega solo para web y cobra aparte cada uso posterior.

Cuántas tomas finales. No cuántas se disparan: cuántas te entregan editadas. Es la cifra que importa.

Si van a tu lugar. Para un local, un taller o un consultorio, la sesión tiene que ser ahí. Fotografiar tu producto en un estudio a trescientos kilómetros pierde justo lo que la foto debía probar.

El orden si vas por partes

Si no puedes hacer todo de una vez, este es el orden por rendimiento.

Primero la portada, porque es la que más gente ve. Luego las del lugar o proceso, porque son las que generan confianza y las que casi nadie tiene. Después las de producto, que son las más fáciles de repetir tú mismo. Y al final el retrato, que es la que más se pospone y la que más sorprende cuando llega.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas fotos necesito para mi página web?

Con ocho tomas bien elegidas se sostiene un sitio completo: una de portada, dos o tres del lugar o del proceso, dos o tres de lo que vendes y una de quien atiende. Más fotos no mejoran un sitio; mejores fotos sí.

¿Puedo usar fotos de banco de imágenes?

Se puede, pero se nota, y en un negocio local se nota más. La misma foto de oficina sonriente está en cientos de sitios. Como recurso de fondo pueden servir; como sustituto de tu local, tu producto o tu equipo, restan confianza en vez de sumarla.

¿Sirven las fotos que tomo con el celular?

Sirven, y en muchos casos son mejores que una sesión mal hecha. Los celulares actuales dan de sobra para web. Lo que decide el resultado no es la cámara: es la luz, el fondo y que la toma esté limpia de estorbos.

¿Cuándo conviene contratar una sesión?

Cuando lo que vendes se compra con los ojos —comida, espacios, productos, ropa— o cuando el precio de tu servicio es alto y la foto tiene que sostener esa expectativa. Si vendes algo que se explica con texto y datos, la sesión puede esperar.

¿Puedo usar las fotos de la sesión en mis redes?

Depende de la licencia y hay que preguntarlo antes. Hay quien entrega fotos solo para el sitio y cobra aparte por otros usos. Pide por escrito que el uso incluya redes, impresos y publicidad, para no tener que volver a negociar cada vez que quieras publicar.

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